El comienzo de la escuela ifantil ha significado para nosotros el inicio de la lactancia mixta. Hasta ahora, mi hijo no había tomado biberones, salvo los "biberones pirata" que le dieron en la matenidad nada más nacer sin mi consentimiento (pero eso es harina de otro post).
Me encanta dar el pecho a mi hijo: sé que es lo mejor para él, es cómodo, es seguro, no acumulas trastos, estableces un vínculo precioso... Para mí, todo son ventajas. Pero tampoco estoy dispuesta a convertir la lactancia en una religión. Si hubiese querido seguir alimentando a mi bebé sólo con leche materna, con el horario que tiene mi peque en la guardería tendría que haber empezado a congelar mi leche con semanas de antelación.
Creo firmemente que lo que es bueno para la madre es bueno para su hijo, y madrugar más para sacarme leche, cargar con los bibes hasta la escuela infantil, esterilizarlos después al llegar a casa etc. sería un engorro por el que podría llegar a guardar cierto rencor hacia mi hijo, así que ni me lo he planteado. Además, mi congelador es enano (en mi casa no cabe un frigorífico grande) y optar por la lactancia materna en excluiva habría significado volver a la compra diaria para los adultos de la casa, como en los años 60, y yo no tengo tiempo para eso. No cuento esto para justificarme, sino para explicar mis motivos: las soluciones perfectas universales no existen, todo depende de las circunstancias de cada cual.
Yo lo he hecho así: la semana anterior al inicio de la guardería me saqué leche después de la primera toma de la mañana y guardé el bibe en el frigorífico. Cuando el niño volvía a tener hambre (también creo firmemente en la lactancia a demanda) otra persona (en mi caso, mi madre) le daba ese biberón. El primer día, al principio, me fui a otra habitación, porque dicen que si el niño ve y huele a su madre pasa del bibe, pero cuando mi enano se enganchó, me acerqué a hacerle unas fotos y él siguió comiendo tan tranquilo. No se lo tomó todo, y tampoco le dimos mayor importancia. Al segundo día intenté darle yo el biberón y lloró un poco. Como se tomó la mitad del bibe y seguía con hambre, le di algo de pecho y ya está.
Total, que cuando llegamos al primer día de cole les conté que el niño tomaba biberón de leche materna perfectamente y que les dejaba a ellas, profesionales del bebé, la introducción de la leche de fórmula. Les insistí en que no le obligasen a comer. Al principio, la fórmula no le gustó mucho, pero el segundo día se bebió toda la toma. Y hasta ahora. Los primeros días tuve el pecho como dos balones de reglamento, pero despues se han adaptado bien. Cuando el niño sale del cole, le doy mi leche en su envase original y no estamos teniendo ningún problema. El fin de semana, su padre le da un biberón de leche de fórmula en la segunda toma de la mañana, para no alterar las rutinas de mi bebé ni las de mi pecho.
Y tú, ¿cómo empezaste a destetar a tu hijo?
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Mi hijo cumple hoy cinco meses y, siguiendo las recomendaciones de la experta en lactancia que nos dió una charla sobre los alimentos más recomendables después de la leche materna, esperaré otro mes antes de empezar a destetarle.
ResponderEliminarEso sí, con solo pensarlo, me entra la añoranza. ¡¿Quién me hubiera dicho a mi cuando empecé a dar el pecho, que algún día me daría tanta pena dejar de hacerlo?!
Lo cierto es que una se siente un poco inútil cuando para dar de mamar a su hijo, necesita seis manos: las propias, las del padre de la criatura y las de la matrona; o cuando empiezas a sudar de nervios que te entran antes de cada toma porque, por tirar de la teta cuando el bebé está succionando, te has abierto una grieta en el pezón y ahora ves las estrellas y se te saltan las lágrimas de dolor cada vez que le das el pecho.
Una se siente inútil porque se imaginaba que dar de mamar funciona ipso facto, porque sí, porque es la cosa mas natural del mundo y porque millones de mujeres lo han hecho antes que tu. En mi caso no fué así.
Pero en cuanto se curó la grieta y yo aprendí a agarrar a mi bebé sola (1), empecé a disfrutar mucho de esos momentos en los que mi hijo me mira fíjamente con sus ojazos, con esa profundidad, con esa confianza... o cuando no tiene hambre, pero quiere teta para tranquilizarse, para dormirse ¿y porqué no?
En fin, que yo tampoco hago una religión de la lactancia, y respeto, por supuesto, otras opciones. Personalmente me alegro de no haber tirado la toalla...
(1) Aún ahora hay días en los que estoy un poco torpe y no me sale. Como, por ejemplo, hace dos semanas en el IKEA, que tiene un cuarto con dos cambiadores, un sillón y una silla. Como el sillón estaba ocupado por otra madre con su bebé, me senté en la silla. Después de un rato haciendo malabarismos a lo Pepe Viyuela, intentando aguantar a mi hijo en una posición lo más cómoda posible –para el y para mi-, acabé aceptando el ofrecimiento de la otra mamá de cambiarme el sitio...